Mi historia

Arte plástico literario por Claudia Magliano

Un pequeño mundo donde expandir la imaginación.

Claudia Magliano

La literatura llegó a mí por primera vez en la infancia de la mano de los cuentos de mi abuela. En ellos se abría un mundo donde la imaginación perdía todos los límites. 

Después vinieron las lecturas propias: Enid Blyton con  el “Club de los siete secretos” y todas sus novelas que devoré.  

En la adolescencia llegaron las primeras lecturas de poesía, los primeros poemas que escribí fruto de amores y desamores. Más tarde las lecturas que ya me irían a acompañar para siempre: los libros de Cristina Peri Rossi, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Wislawa Szymborska, Julio Cortázar, Virgina Woolf, Carson McCullers y muchos, muchos más. 

La lectura y la escritura son, para mí, una unidad, no existen por separado. Escribir es, en cierto modo, volver a leer y leer es escribir en tanto cada uno de los lectores lee de acuerdo a su propia mirada. 

Si bien la escritura ha sido una tabla de salvación contra un mundo que, muchas veces, se nos presenta adverso, también ha sido en ocasiones un momento de lucha con las palabras, con ese lenguaje que como decía Bécquer es “rebelde y mezquino” porque no nos alcanza para poder decir eso que queremos. Pero, a pesar de todo, la escritura es un modo de supervivencia, una manera de estar en el mundo donde lo áspero se vuelve más dócil. 

Siempre me gustaron todas ramas del arte, en particular la plástica, pero no fue hasta la llegada de la pandemia que descubrí otra forma de expresión: las mini creaturas. Todo surgió una tarde invernal donde, no sé por qué, comencé a hacer pequeños escenarios donde las bibliotecas tenían un lugar central. Luego los escenarios pasaron a estar en las pequeñas bibliotecas a las que les añadí libros con poemas porque me pareció una linda manera de difundir la poesía, ese género tan poco leído y tan poco difundido. Leer poesía es riesgoso porque nos acerca a un espacio interno sin que nos demos cuenta. 

Poco a poco las mini bibliotecas fueron saliendo a la luz, las personas comenzaron a contemplarlas y a quererlas. Hoy es un proyecto que ya pasó de proyecto a realidad:  son muchas las bibliotecas que habitan ahora en otras casas, en otras miradas. 

Creo firmemente en este trabajo porque me da enorme felicidad realizarlo y esa felicidad sé que llega a los demás a través de estos pequeños mundos. Crear las mini bibliotecas lo siento como una forma más de la escritura, cada biblioteca es única y es un poema que escribo a través de otros materiales, otros lenguajes. 

Gracias a quienes confían  en esta idea y hacen  que, día a día, este proyecto-realidad siga creciendo.